La historia de lo que hoy constituye Mondragón Corporación Cooperativa, en su ya
dilatado trayecto, se asienta en el
convencimiento de que la “Experiencia”, como se ha denominado internamente, está en un devenir permanente, abierta a lo
que ocurre en el entorno, a cuyo desarrollo desea contribuir, y obligada por tanto a reinventarse permanentemente.
La adaptación al marco en el que ha desarrollado sus actividades, profundamente cambiante tanto en lo económico como
en lo social, político, etc., se ha considerado una necesidad inexcusable no sólo para sobrevivir sino para progresar en la
consecución de los objetivos deseados.
Esta línea orientadora de la acción ha exigido, exigirá siempre, un esfuerzo permanente en la búsqueda de equilibrios,
evidentemente inestables, entre atributos aparentemente paradójicos de la realidad empresarial cooperativa, tales como:
• Eficacia y democracia
• Lo económico y lo social
• Igualdad de las personas y organización jerárquica
• Interés particular (de las personas y de las empresas) e interés general
• Identificación con el modelo cooperativo y cooperación con otros modelos empresariales
De la tensión inherente a estas paradojas de la cultura empresarial cooperativa y de la necesidad de adaptarse a la
realidad cambiante, deriva una innovación organizativa constante a lo largo de la historia de esta experiencia, que afecta a
cada cooperativa, a su conjunto y a las relaciones con el exterior:
• Buscando la eficacia empresarial en los mercados cambiantes
• Descubriendo fórmulas de solución de los conflictos en un marco de cooperación, no de confrontación
• Experimentando estilos de gestión propios, coherentes con los Principios Básicos Corporativos
Los procesos permanentes de adaptación que caracterizan la trayectoria seguida han mostrado su validez en las etapas
subsiguientes a su implantación, pero también han tenido que pagar un costo, a veces alto, experimentando en propia
carne la dureza de abandonar lo conocido para adentrarse por caminos no transitados.
PRIMEROS PASOS
El hecho determinante que había de dar lugar a la “puesta de la primera piedra” del edificio hoy constituido por MCC, se
encuentra inequívocamente en la llegada a Mondragón de un joven sacerdote llamado D. José María Arizmendiarrieta.
En algunos proyectos resulta complicado encontrar un único factor causal, a lo mejor porque no existe, pero en éste las
cosas son meridianamente claras, hasta el punto de que incluso para aquellos que no tuvimos la suerte de tomar parte
activa en las primeras realizaciones, resulta fácil identificar a la persona de D. José María como desencadenante
fundamental de nuestra particular historia.
Aunque sea una hipótesis incomprobable, todos los que participamos en este proyecto estamos convencidos de que sin el
influjo de su presencia, las también llamadas cooperativas de Mondragón simplemente no habrían existido.
Tal fue la capacidad movilizadora de aquel sacerdote joven, 26 años entonces, dinámico, emprendedor, cargado de ideas,
que en 1941 llega a Mondragón para hacerse cargo de la juventud de la parroquia.
Desde su llegada hasta la aparición de la primera empresa productiva transcurren nada menos que catorce años, lo que
quiere decir que en su ánimo no hay una idea preconcebida de desarrollo empresarial y sí de preocupación por las
personas, porque existan opciones para todos y se satisfagan las carencias sociales enormemente acusadas en una
población que vive las consecuencias desastrosas de la guerra civil.
En este dilatado período de tiempo hasta la constitución de Talleres Ulgor, hoy Fagor Electrodomésticos, D. José María
trabaja intensamente con los jóvenes, organizando multitud de actividades deportivas, culturales y principalmente
formativas.
Algunos de aquellos jóvenes empiezan a destacar por su papel en las actividades que emprende el sacerdote, realizan un
esfuerzo significativo, compatibilizando estudio y trabajo, adquiriendo conocimientos y valores que les harán convertirse
más tarde en los artífices de una complicada y admirable tarea, transformar las ideas de D. José María, la mayoría de las
veces sólo esbozos, no siempre nítidos, en realidades operativas que conciten la adhesión de los partícipes y se
desarrollen con éxito.
La tarea formativa de aquellos primeros años tiene en su esencia contenidos que aún hoy en día constituyen para muchas
entidades una aspiración: compatibilizaba la exposición, la definición de la idea, con el método mediante el cual los
receptores de la teoría se convertían en realizadores de su aplicación. Se aprendía escuchando, debatiendo y haciendo.
Sólo dos años después de su llegada a Mondragón, crea la Escuela Profesional, germen de lo que andando el tiempo ha
llegado a ser Mondragon Unibertsitatea. La Escuela ha tenido siempre un papel de primera magnitud formando a muchas
de las personas que posteriormente fueron artífices destacados del desarrollo cooperativo.
Todo este largo proceso de experiencias organizativas y de formación sirve para que los jóvenes implicados alcancen un
extraordinario grado de madurez, preparándose para abordar una etapa en la que su rol va a adquirir mayor trascendencia
y, guiados siempre por el líder indiscutible, deciden embarcarse en un original desarrollo empresarial. |